Mi mamá

Lo que a algunas personas infunde pánico, a otras les acrecienta el valor. Cuando el estruendo de las bombas y el sonido de la metralla silenciaron el rumor de olas en Playa Girón, ella decidió que nada la haría desistir de su deseo de enseñar a leer y escribir a la gente de Zaza del Medio.

Quizás entonces le nació esa disposición inquebrantable que le caracteriza hoy. Allá en Sancti Spíritus ella también estaba peleando, persistía en defender el proyecto de país nuevo, como parte de las Brigadas Piloto.

Luego incluso pidió marchar al sitio más intrincado, y se fue a alfabetizar hasta Sagua de Tánamo. Una vez estuvo a punto de ahogarse en un remolino, pero ni aunque el propio río hubiera ido a buscarla a la casa la hubiera convencido de cejar en ese empeño: a fin de cuentas, los sueños ni se abandonan ni se hunden.

Han pasado los años. Las contiendas de hoy no precisan balas ni clases a la luz de un farol; reclaman entrega al puesto de trabajo, e igual una derrota en la batalla económica puede ser un Waterloo para la Revolución.

Algo le dice que todas las cuadras de caminata hasta la sede del Comité Municipal del Partido en Artemisa, donde recibe a los visitantes, atiende decenas de llamadas telefónicas y tramita recados valiosos, de cierto modo son su nueva epopeya.

¿Quién la convence de que han sido suficientes años de trabajo? Quizás no conoce la frase de Martí; sin embargo, de alguna manera sabe que ser útil es mejor que ser príncipe (o princesa). Y, desde aquella silla tras los cristales de la recepción, en uno de los puntos más altos de Artemisa, siente el enorme poder de servir humildemente a su país.

Por eso despierta cuando aún duerme el Sol, y trasfunde fuerzas del corazón a las piernas, para emprender esos casi dos kilómetros antes de que sean las siete, no importa si es sábado o domingo, tampoco si ha de cubrir dos días seguidos. Se molesta si el que debía sustituirla en la noche demora demasiado, pero no se marcha.

Ríe cuando le dicen que el Partido ya tiene nombre. Y, por supuesto, lo entiende, solo que en ese inmenso y querido nombre cabe también el suyo.

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Acerca de Joel Mayor Lorán

Soy un romántico como Jean Valjean (el héroe de Los Miserables). Disfruto cuando hago un bien, como quería Martí. Soy un profesor sin título que hace crecer el bichito del Periodismo en quienes ya lo tienen en las venas. Y aún quiero a la gente con el cielo y otras armas en desuso. Soy un Aries que tiene todo de Piscis. Amante de la lectura y la música en cualquier idioma. Me gusta la sinceridad y la osadía. Me encanta escalar e ir a caminatas. Tengo el deseo no realizado aún de ser paracaidista. Además, me gustaría unir a este blog a otros que crean en la utopía, el amor y la amistad.
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