Nuestro 2014

Los soñadores somos millones. Ni Lennon ni el Che son los únicos que se han atrevido. Todos ejercemos nuestro derecho al delirio, como dice Galeano, porque queremos clavar “los ojos más allá”, y confiamos casi a ciegas en que un año nuevo va a ser diferente y mejor.
En este lindo país, no tenemos necesidad de reclamar que los niños de la calle no sean tratados como basura, pues no hay niños de la calle, como tampoco la educación constituye el privilegio de quienes pueden pagarla.
La Cuba cercada por el bloqueo y difamada por los grandes medios recibe publicidad gratuita de quienes nos visitan. Ellos encuentran una sociedad sensata y humana, donde un enfermo no precisa enseñar su seguro médico para ser atendido de urgencia en un hospital.
Sabemos cuántos sueñan vivir así en su propia tierra. Nosotros, en cambio, vamos a imaginar satisfacciones más simples, al alcance de nuestras manos, del sudor, la perseverancia y la inteligencia.
Soñemos que los precios de contrapartida a los de oferta y demanda no se parecen a estos, que de verdad los gastronómicos trabajan para complacer al cliente, que los vendedores nos miran a la cara y no a las manos, que las cadenas planifican abastecerse mejor para fin de año y otras fechas señaladas.
¿Por qué no? Soñemos con recibir en casa el periódico también el domingo, con tener diez sabores de helado a cualquier hora en el Coppelia de la capital artemiseña, con que las edificaciones recién reparadas no se filtren y que cantantes de arte lírico nos obsequien un “concertazo” en el Parque Libertad.
Soñemos que las luces de la Avenida 26 de Julio se encienden todas las noches… y la Plaza de las Banderas también, que los padres exigen a sus hijos vestir su uniforme correctamente para ir a la escuela, que el pan de cinco y diez pesos pesa de acuerdo con su precio, y que los musirruidosos serán severamente multados.
A fin de cuentas, nuestros sueños no requieren de irnos a la huelga, organizar protestas en la calle o echar a un presidente corrupto, como suele suceder en infinidad de naciones; dependen únicamente de la voluntad de todos.

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Acerca de Joel Mayor Lorán

Soy un romántico como Jean Valjean (el héroe de Los Miserables). Disfruto cuando hago un bien, como quería Martí. Soy un profesor sin título que hace crecer el bichito del Periodismo en quienes ya lo tienen en las venas. Y aún quiero a la gente con el cielo y otras armas en desuso. Soy un Aries que tiene todo de Piscis. Amante de la lectura y la música en cualquier idioma. Me gusta la sinceridad y la osadía. Me encanta escalar e ir a caminatas. Tengo el deseo no realizado aún de ser paracaidista. Además, me gustaría unir a este blog a otros que crean en la utopía, el amor y la amistad.
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