Límite a los precios injustificados

Insisto, porque es al ciudadano común a quien más le duelen los precios injustificados. Cuando vendedores de productos agropecuarios, transportistas y otros suben precios, en una cadena automática para que no se le afecten sus ganancias, quedan al margen quienes nada venden, nada ofertan y dependen únicamente del salario.

Ellos son despreciados por los “luchadores” y, a veces, hasta considerados incapaces de esforzarse más. Pero lo cierto es que no tienen la oportunidad o el capital suficiente a fin de emprender un negocio, y no pocos prefieren ejercer la profesión para la cual se formaron.

¿Cómo, entonces, lograr que el salario les alcance para pagar la libra de malanga a cinco pesos, o 40 por un viaje de La Habana a Artemisa —generalmente de regreso de un hospital, del trabajo o la Universidad—, porque ese día los boteros se pasaron de listos?

No se trata de que el Estado los subsidie: no hablo de ancianos ni jubilados ni de las personas a las cuales el Estado clasifica como de bajos ingresos, sino de obreros, técnicos y profesionales cuyos bolsillos no pueden participar de la escalada habitual de los precios.

A alguien cuyo salario rebase los 400 pesos el Estado no le considera como de bajos ingresos; sin embargo, tampoco puede trabajar en La Habana y trasladarse a diario en vehículos de alquiler, ni siquiera eventualmente, si los precios son tan leoninos.

¿Será que a estos “empresarios” por cuenta propia no les importa esquilmar el presupuesto mensual de la oficinista, el empleado, el maestro, el médico…? Para vivir como quieren no les importa si aquellos, gracias a sus precios, tienen menos con qué enfrentar el mes.

¿Alguno irá a negar que no ingresa —libre de costos— cientos de pesos a diario, o sea, cinco, diez o 15 veces lo que percibe un empleado común, un técnico o profesional en un día de trabajo igual de agotador?

¿Se atreverá a sostener que, luego de pagar impuestos, reparaciones, el combustible y demás insumos, no le quedan billetes suficientes para hacer que —en comparación— el salario de buena parte de sus clientes parezca menudo?

Por eso propongo un límite para el margen de ingresos netos de quienes hoy imponen y concertan sus precios en contra del cliente, quizás hasta del 30 por ciento, como han fijado en Venezuela. Continuarán obteniendo ganancias, pero no tan escandalosas como hasta ahora.

No suele ocurrir en ningún lugar del mundo que los márgenes de ingresos netos sean del 50 ni del ciento por ciento, menos debería suceder en un país como el nuestro.

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Acerca de Joel Mayor Lorán

Soy un romántico como Jean Valjean (el héroe de Los Miserables). Disfruto cuando hago un bien, como quería Martí. Soy un profesor sin título que hace crecer el bichito del Periodismo en quienes ya lo tienen en las venas. Y aún quiero a la gente con el cielo y otras armas en desuso. Soy un Aries que tiene todo de Piscis. Amante de la lectura y la música en cualquier idioma. Me gusta la sinceridad y la osadía. Me encanta escalar e ir a caminatas. Tengo el deseo no realizado aún de ser paracaidista. Además, me gustaría unir a este blog a otros que crean en la utopía, el amor y la amistad.
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