Caña con aroma de mujer

Cary Felipe Bahía Honda (20)Ya sabía de caña antes de enterarse de su propio nombre. La mamá y ella compartían el calor, una el de los campos y la otra el del refugio en su vientre mientras trabajaba. A los siete meses, Cary no esperó más para ver los cultivos por sí misma: la madre estaba alzando caña y se cayó, así que la llevaron para La Habana y nació la diminuta criatura.
“Pesé dos libritas y media. Corría el año 1956, época del capitalismo, y había que trabajar mucho. Éramos seis hermanos, yo la más chiquita. Mi mamá ayudaba a mi papá alzando caña, incluso embarazada; casi nazco en el surco, por eso soy cañera”, asegura Caridad Felipe, esta mujer tenaz de Bahía Honda.
“El 4 de diciembre del año 2 000 me intervinieron en el Cimeq por un defecto cardiaco, precisamente a causa de haber nacido sietemesina. Si no hubiese sido por la Revolución no estuviera viva; mis padres no tenían cómo costear una operación tan grande. Todo lo que hago no paga cuanto me ha dado la Revolución, que es incluso la vida.
“Me gradué de técnica agroindustrial en 1987. No pude seguir hasta la Universidad por el problema del corazón. Me sentía muy mal, me faltaba el aire… hasta que descubrieron la causa: una abertura, como una herida, que le llaman comunicación interauricular.
“La operación fue a corazón abierto, y duró ocho horas y 40 minutos, con el extracorpóreo puesto y el corazón parado, para colocarme un parche de 14 puntos adentro. A partir de entonces empecé a hacer mi vida de manera normal”.
Desde luego, eso no quiere decir volver a subirse a una avioneta como antes, cuando aplicaba productos desde lo alto, incluso en áreas de los antiguos centrales Manuel Sanguily y Pablo de la Torriente. “Me hacía muy feliz ver las plantaciones y los campos bien poblados desde arriba”.
Pero aún atiende la pista de aviación. Está al tanto de cada detalle. Ya en 1991 había participado en un estudio nacional sobre los maduradores, en Ciego de Ávila.
Dicen que cuando Cary viaja a cualquier sitio no mira los paisajes bonitos de palmares y montañas, o el azul del mar y las olas, sino las plantaciones de caña.
“Amo mi trabajo como programadora de caña en el central Harlem. Llevo mi profesión en la sangre, no solo porque mi hermano mayor también era programador en una granja sino porque me gusta. Ya con 58 años y 37 zafras, espero seguir trabajando mientras pueda.
“Para formar un programador se requieren unos diez años; yo estoy preparando el relevo, y mi intención es que sea una mujer quien continúe mi labor.
“¿Por qué? Las mujeres ocupamos más del 70 por ciento de los puestos de trabajo en la actividad de la ciencia y la técnica. Nosotras tenemos fuerza y capacidad para continuar venciendo barreras… y defender las conquistas de una Revolución tan maravillosa.
“Para seguir adelante en esta actividad, las mujeres hemos encontrado trabas, pero hemos sabido demostrar que sí podemos, con tenacidad, esfuerzo, métodos, capacidad, inteligencia y amor por la agronomía y la industria, incluso me han calificado como de obligatoria consulta en el central Harlem.
“Hay que tener mucha claridad de las variedades con las cuales trabajamos, su estimado, las áreas que se planifican, la azúcar a producir, la estrategia de corte por meses a fin de realizar la zafra en el tiempo planificado, según los tipos de cosecha de las cepas y las variedades, en ciclo largo o corto.
“Resulta de vital importancia la veracidad de estos datos, para manejar la economía: la cantidad de toneladas de caña a moler y sus otros destinos. El programador es la base de la planificación de los recursos, con la tarea diaria de corte y los hombres que se emplean como macheteros”.
Ni la palabra entrevista pudo desviar a Cary de su empeño habitual, porque se sirvió de esta para hablar de trabajo, de las variedades de que disponen y la introducción de otras nuevas a fin de enmarcar la zafra en 140 días y obtener más potencial de caña y de azúcar.
Aludió también a las áreas de acercamiento, con tal de cumplir con los 25 kilómetros de circunferencia al central.
Para sus compañeros, ella es la ingeniera, no importa si tiene título o no: Cary atesora un caudal de conocimientos y disfruta compartirlos para que muchos obtengan el suyo.
“Mi trabajo es parte muy importante de mi vida, junto con mis hijos. Los llevo a la par. El mayor tiene 37 años, trabaja en la pesca y es Vanguardia Nacional; el menor tiene 31 y, al terminar la Universidad como Licenciado en Cultura Física, fue llamado a cumplir misión en Venezuela, como fisiatra. Vivo orgullosa de ellos”.
Igual sobresale como federada. Apoya la labor de la FMC en el bloque y la delegación. Integró el Comité Provincial en Pinar del Río durante diez años, luego el de Artemisa y, además, en el IX Congreso la eligieron para formar parte del Comité Nacional. El 6 de marzo fue condecorada con la Orden Ana Betancourt.
“Tuve la oportunidad de conocer a Vilma Espín, en la Asamblea Provincial de la Federación en Pinar del Río, en 1998. Cuando hablé de caña y de la industria azucarera, me mandó a buscar, porque ella fue graduada de Química Industrial; me contó que le gustó mucho mi intervención, que fue muy sincera y evidenciaba mi formación técnica. Fue algo muy grande, y sentí orgullo.
“Haberla conocido me enardece, me hace seguir luchando y llevar los principios de ella, de Ana Betancourt, de Mariana… Las Marianas de hoy son nuestras mujeres comunes, las cuatro macheteras que cortan caña en la CPA Camilo Cienfuegos, de Bahía Honda”.
Y, por supuesto, Cary es otra de esas mujeres que estremecen a cualquiera, por su tesón y sencillez.
“Lo mejor que puede tener una persona es la honestidad y la humildad. Ser del campo te da la oportunidad de ser sencilla, afable; eso y mi dedicación al trabajo me han ganado el apoyo y el cariño de los jefes de las 18 unidades productoras a quienes atiendo, y de los cuadros de AZCUBA.
“De esa manera he logrado lo que soy como profesional, como trabajadora, mujer y, sobre todo, como revolucionaria, porque el hecho de que Fidel haya nacido precisamente el día que mi mamá cumplió 10 años reafirma mi amor por esta Revolución”.

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Acerca de Joel Mayor Lorán

Soy un romántico como Jean Valjean (el héroe de Los Miserables). Disfruto cuando hago un bien, como quería Martí. Soy un profesor sin título que hace crecer el bichito del Periodismo en quienes ya lo tienen en las venas. Y aún quiero a la gente con el cielo y otras armas en desuso. Soy un Aries que tiene todo de Piscis. Amante de la lectura y la música en cualquier idioma. Me gusta la sinceridad y la osadía. Me encanta escalar e ir a caminatas. Tengo el deseo no realizado aún de ser paracaidista. Además, me gustaría unir a este blog a otros que crean en la utopía, el amor y la amistad.
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Una respuesta a Caña con aroma de mujer

  1. Reblogueó esto en El blog de La Polilla Cubanay comentado:
    ” Cary es otra de esas mujeres que estremecen a cualquiera, por su tesón y sencillez”… Una mujer cubana

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