Dos intentos fallidos de rendir a Cuba

Hemos tenido que demostrarlo dos veces: no hay pueblo que pueda ser rendido si decide resistir. Bien lo dijo Fidel, en referencia al actual bloqueo estadounidense y a la reconcentración aplicada por el Capitán General español Valeriano Weyler hasta el 30 de marzo de 1898.
Ese día terminó la brutal política que pretendía aplastar la insurrección independentista, al asentar forzadamente alrededor de las ciudades a toda la población campesina del occidente y centro cubanos, en una primera experiencia de campos de concentración.
De 1896 a 1898, el hambre extrema, la penuria y las enfermedades hicieron estragos: los alimentos no alcanzaban debido al brusco descenso de la producción agraria.
Según el coronel médico Horacio Ferrer, del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Libertador, en los tres años y medio que duró la lucha Cuba perdió medio millón de habitantes, más de la cuarta parte de su población total, ascendente entonces a un millón 572 845 habitantes. Solo en Artemisa murieron 4 261 reconcentrados.
Weyler trataba de dejar al Ejército Libertador sin apoyo, alimentos ni información, pero no lo logró: las tropas mambisas continuaron nutriéndose, y adoptaron nuevos métodos de subsistencia. Aquel genocida no hizo más que exacerbar los ánimos; incentivó el esfuerzo para expulsar a los españoles del suelo patrio.
¿Que los reconcentrados mueren de hambre? Para eso hice la reconcentración, expresó en un alarde de cinismo.
Sesenta años más tarde, con el bloqueo, el Gobierno de Estados Unidos cometió el mismo error: tratar de rendirnos por hambre y enfermedad.
“Hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (…) privarla de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno”, escribió Lester D. Mallory, subsecretario asistente para Asuntos Interamericanos, en un memorando secreto fechado el 6 de abril de 1960.
Pero la historia vuelve a demostrar el fracaso de semejante política: Cuba no se rinde, triunfa.

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Acerca de Joel Mayor Lorán

Soy un romántico como Jean Valjean (el héroe de Los Miserables). Disfruto cuando hago un bien, como quería Martí. Soy un profesor sin título que hace crecer el bichito del Periodismo en quienes ya lo tienen en las venas. Y aún quiero a la gente con el cielo y otras armas en desuso. Soy un Aries que tiene todo de Piscis. Amante de la lectura y la música en cualquier idioma. Me gusta la sinceridad y la osadía. Me encanta escalar e ir a caminatas. Tengo el deseo no realizado aún de ser paracaidista. Además, me gustaría unir a este blog a otros que crean en la utopía, el amor y la amistad.
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