¿Y qué quiere ella?

Tiene la sonrisa más bella del planeta. Su mirada ejerce un poder fantástico sobre mí. No necesita ni un vestido de princesa, ni un auto sensacional, ni posar al lado de un artista famoso, para lucir bonita. Cualquier foto que le tomen pudiera ser inolvidable.
Sin embargo, probablemente quede atrapada en la cada vez mayor parafernalia de las fiestas de Quince y, como cualquier jovencita, haya de hacerse esas fotos con las poses habituales, los calurosos vestidos a la europea y montajes generalmente de mal gusto.
Mi niña tendrá que ser la muñeca de una fiesta con animadores diestros en repetir las frases más cursis, incluso bailará un vals, para no faltar a la costumbre y nadie la tache de ser menos que sus amigas y compañeritas de generación.
Hace rato abrí una cuenta en el banco para cuando llegue el momento, pues, si así la quiere, tendrá una celebración similar a la de otras quinceañeras: con vestidos, fiesta, vals y revista, libro de fotos o cualquiera que sea el invento de moda dentro de diez años.
Pero espero que ella piense diferente, no solo porque comprenda la astucia de quienes más se benefician con esta tradición cada vez menos tradicional, quienes abultan sus bolsillos gracias a tanta banalidad.
Quizás perciba cómo unas fotos se transformaron en álbumes, revistas o libros, en espiral ascendente; cómo nació luego la filmación en video y en DVD; cómo cada día surgen nuevos desembolsos, para embellecer y modernizar la ceremonia. No dudo que en 2025 sea necesario pagar por una avioneta que escriba su nombre en el cielo.
Sueño con que ella descubra cuán intrascendente puede ser tanto oropel, y prefiera el recuerdo de una celebración y fotos de familia. Va a depender de sus padres, de la escuela, de la sociedad, de ella.
No la emprendo contra una ilusión, un día que puede ser muy bonito, ni mucho menos rechazo las memorias tan emotivas que podemos guardar; llamo la atención sobre cómo la vanidad y el afán de obtener ganancias han transformado este festejo, los cumpleaños, las graduaciones y cuanto motivo de alegría les ofrezca una oportunidad.
Por tal camino, cada agasajo pretende ser la fiesta del año, los padres compiten en derroche de aseguramientos y gastos, y suele quedar más envanecimiento que estímulo al homenajeado, la mayor parte de las veces sin siquiera preguntarle al niño o a la jovencita qué desea en realidad.

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Acerca de Joel Mayor Lorán

Soy un romántico como Jean Valjean (el héroe de Los Miserables). Disfruto cuando hago un bien, como quería Martí. Soy un profesor sin título que hace crecer el bichito del Periodismo en quienes ya lo tienen en las venas. Y aún quiero a la gente con el cielo y otras armas en desuso. Soy un Aries que tiene todo de Piscis. Amante de la lectura y la música en cualquier idioma. Me gusta la sinceridad y la osadía. Me encanta escalar e ir a caminatas. Tengo el deseo no realizado aún de ser paracaidista. Además, me gustaría unir a este blog a otros que crean en la utopía, el amor y la amistad.
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